TIEMBLA HOUSE OF CARDS

Por Lucas Vega

(Jefe  de Redacción de Urgente Montecarlo)

La vida política institucional de Montecarlo está en crisis. No exagero: está en crisis. Nos hemos convertido en una ciudad que alberga funcionarios, cuyas andanzas son más dignas de una serie de Netflix (al mejor estilo House of Cards) que de otra cosa.

Y, es que en menos de un año, fuimos noticia tanto a nivel provincial, como nacional y no precisamente por las virtudes de nuestra clase política, ni por ser el “Centro del Paraíso” o la “Capital Provincial del Deporte” sino porque tristemente, en este periodo tan corto, funcionarios de las más altas esferas del gobierno local se vieron envueltos en bochornosos episodios que mancillan el buen nombre de nuestra comunidad.

Allá por mediados del año pasado, en ese entonces nuestro Viceintendente, hacía su “pequeño” aporte. Tras ser detenido por inspectores de la ciudad de Eldorado para un control de rutina, según consignaron distintos medios, habría estado circulando en un ostentoso Mitsubishi Eclipse sin su licencia de conducir, con aliento etílico y hasta negándose a realizar el respectivo test de alcoholemia que le fue solicitado por los inspectores locales. Dicho berrinche, nos empujó como municipio a una especie de “guerra fría” con la Dirección de Tránsito de la Ciudad de Eldorado que duró varios días, con acusaciones cruzadas, conferencias de prensa, videos viralizados, y cuanto ingrediente usted se imagine; dejándonos a merced de la tinta de los medios provinciales, los cuales se debatían en colocar tamaña primicia en secciones tales como “policiales” o “espectáculos”.

Hace apenas unos días, nuestro Secretario de Gobierno, ex abanderado local del colectivo “Ni Una Menos”, fue denunciado por su joven novia por haberle propinado (según aseveró la denunciante) una feroz golpiza y amenazado de muerte. Sin perjuicio de la gravedad de la acusación por violencia de género, en dicho episodio, el funcionario se habría jactado de tener “influencias en la localidad” que le permitirían salir indemne de la denuncia que haría su novia, según consta en la denuncia. De confirmarse tal extremo, estamos en presencia de una declaración que compromete a todo la cúpula de la Comisaría local y se convierte en la abierta confesión de la connivencia entre sectores de la política con las fuerzas del orden.

Por un lado, nadie duda de que las denuncias deben ser probadas en la Justicia, y que los acusados están facultados a ejercer su derecho a la defensa (por eso estamos en un Estado de derecho); y por otro lado, no está en tela de juicio que las cuestiones íntimas o de pareja deben quedar en la faz privada estando “…sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados” tal como dice nuestra Constitución Nacional. La cuestión no es esa.

Desde el momento en que una persona asume una función pública, deja de ser un simple “hijo de vecina” y pasa a tener responsabilidades y cargas propias de su condición de mero representante del pueblo, cuyo sueldo se nutre de las arcas públicas e incluyen: rectitud, buena fe, ética, transparencia, honorabilidad y austeridad, entre otros. Es justamente esto lo que debemos exigir a nuestros servidores públicos.

En el corto plazo, el panorama es preocupante, habrá que ser pacientes.  El 2019 no está muy lejos .


Mientras tanto desde Montecarlo, teléfono para Netflix.

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